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viernes, 8 de abril de 2011

Tacto, razón y corazón

No me haces un favor si me repites la cuestión que te andaba preguntando, recuerda que fuiste tú el que morías por pensar que en tu vida alguna vez podría dejar de estar. Ahora, no me vengas con excusas de quizás el tiempo hizo de más, que el precipicio no estuvo en empezar, sino en tu forma de acabar. Ya prometí la última vez, que no me iba a condenar a mil horas de oscuridad por no querer aceptar que otra luz se me apagó y es difícil de cambiar. Disfrutaré aunque tenga que buscar mi careta mas real para ocultar lágrimas que ya no quiero volver a soltar. Son mis años de locura, y es que quien quiere un toque de cordura en esta irrealidad. Mi vida se resume en un viaje en el que es difícil pararse, cuando no hay cobijo que me agrade para reposar y descansar.

Siempre estaré aquí para escuchar que aprendiste a quererte un poco más, es la forma en que conciliaré mis sueños enturbiados en la noche, entenderé que eres apto para poder querer y por fin comprender que existe algo más que tu vida y nada más. No puedo guardar rencor a un reflejo de mi ser, se que aflorarás en alguien extraordinario que otros cuerpos recibirán en su tacto, razón y corazón.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Y gritaré...

Y gritaré, porque mi voz no me permite callar más y es que mi mente no me deja descansar, últimamente ya no sé lo que es pararse a descansar para llorar.

Y soñaré con nuevos sueños que me ayudan a vivir, en una vida creada para sufrir, si no conseguimos nuestros muros destruir, los prejuicios destruir y no ver más allá del sentir

Viviré, es tan sencillo de decir dentro de la lógica de nuestra existencia, pero no vivir es el simple respirar y ver salir el sol un día más.

Diles que salgan de sus escondites cubiertos de soledad, alejémonos de una oscuridad con tanta falta de creatividad, la emoción nos espera detrás de cada grito que expresa cada sueño que nos impulsa a vivir para ser feliz.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Hagamos prosa melódica... Sevilla

  Y son 130 días sin tenerte y todo pasa eternamente. Quiero que sepas que tu verde corazón palpita en el mío de emoción cuando orgulloso grito tu nombre ante el preguntar de los curiosos que al pasar ven que tengo aquí algo de especial. El orgullo de cada día que pase junto al río que desborda por mi mente, por cada color que se desprende de tu aire que no se vende y es que Sevilla nunca miente, es la única capaz de retenerme. Pero ahora me ausento de un lugar, en sus pequeños rincones no consigo encontrar ese que soy yo mismo y al que le queda mucho por viajar, para volver a los barrios donde las calles cuentan historias sin hablar, pero una vez pasada mi larga inmadurez. Cuéntalos, que 130 días no son nada, aunque mi alma se desata cada vez que escucho tu alma en mi almohada, pero con el placer que me produce el sabor de tu pronunciar al decir que volveré a tu caminar.